Quinchía, una historia diferente- El Diario del otún - Mayo 26 2011

Alfredo Cardona Tobón

Quinchiaviejo agonizaba en una hondonada seca por donde pasaba el camino que unía los estados de Antioquia y el Cauca; por la larga calle del rancherío de guadua y paja habían cruzado los patriotas antioqueños en los duros años de la reconquista española y el metalurgista Boussingault, que en amena crónica dejó la impresión del caserío.

El caserío fundado en los primeros años de la Conquista al lado de una misión franciscana estaba arruinado. En 1860 no había barequeo de oro por la sequía y dos mangas de langosta consecutivas arrasaron los cultivos de los vecinos y el comercio entre el norte caucano y el sur de Antioquia.

Había que buscar un sitio con agua cercano al camino real, pero las parcialidades del vasto resguardo no lograban ponerse de acuerdo: Unos proponían el plan de Naranjal y otras el pequeño llano en márgenes de la quebrada La Barrigona.

Para evitar enfrentamientos los nativos dejaron la decisión en manos de la Virgen Inmaculada, cuya imagen quiteña veneraban en la vieja capilla. Así, pues, a principios de 1882, los quinchieños llevaron la imagen por trochas y atajos con la esperanza de que la Augusta Señora señalara el sitio para la nueva fundación.

Después de días de marcha, al finalizar un día caluroso con la tarde teñida por el sol de los venados, la tierra se humedeció de repente haciendo que los cargueros resbalase y la Virgen se fuera de bruces contra un barranco de la trocha. Era la señal que esperaban. El cortejo señaló el sitio, hicieron un claro en le monte e identificaron el punto donde se construiría el templo del nuevo pueblo.

 Sin perder tiempo y sin apoyo de nadie , los indígenas se repartieron las tareas: unos hicieron chambas, otros tumbaron monte y los aserradores cortaron las largas vigas, los cuartones y los estantillos para las edificaciones. A mediados de 1884 los trabajos estaban muy adelantados: se había llevado el agua en atanores de gres, estaba trazada la plaza y se empezaba a techar el templo.

Por problemas con el techo y con las torres, el Cabildo indígena contrató a Protasio Gómez, un paisa que tenía experiencia en ese tipo de obras pues había ayudado a levantar las iglesias del Retiro y de Copacabana en Antioquia.
En pago de la asesoría el Cabildo le arrendó a Protasio e la mina de carbón de Estúveda y le permitió explotar las fuentes saladas de Mápura. Dos años después, el procurador del distrito de Quinchiaviejo extendió las gabelas y concedió a Protasio Gómez la mitad de los vetas de hulla del Resguardo y la salina da Anchisme. Un infarto fulminante acabó con la vida del contratista, un cuñado continuó la obra y las gabelas pasaron a manos de Melquisedec Gómez, hijo mayor de Protasio..

El nuevo Quinchía
El 28 de noviembre de 1888, el sacerdote José Joaquín Hoyos celebró la última misa de difuntos en la capilla de Quinchiaviejo. Atrás quedaba la historia de la comunidad de los tapascos y guaqueramaes y la leyenda de los caciques Cananao y Chiricha. La antigua fundación que empezó en 1580 al lado de la misión del convento franciscano de San Nicolás de Quinchìa se empezó a sumergir en el abismo sin fondo del olvido.

Amaneció el 29 de noviembre de 1888, el sol se levantó radiante por los lados del cerro Batero e iluminó los antiguos dominios de Xixaraca y de la diosa Michua. Las familias Trejos y Ladino, Tapascos, Vinascos, Aricapas y Guapachas desocuparon el viejo rancherío y al repique de campanas se dirigieron en solemne procesión al bello sitio escogido por la Virgen, situado en una suave pendiente entre los majestuosos cerros de Gobia, l Batero, Cantamonos y Yarumal...

Al frente de la procesión estaba La Inmaculada y la imagen de San Jorge, una talla quiteña perteneciente al coronel Zoilo Bermúdez, cuya familia la heredó de de algún fraile perdido en la manigua .Atrás iban los sacerdotes José Joaquín Hoyos y Simón de Jesús Herrera con el Santísimo bajo acompañados por los comuneros en medio de sollozos y risas, cánticos y oraciones.

En el bando caucano
El distrito de Quinchía fue la punta de lanza de los radicales caucanos. Las parcialidades indígenas del municipio en alianza con las de Guática, eran las únicas comunidades liberales en medio del mar conservador que cubría el norte caucano. El distrito parroquial de Quinchía perteneció al cantón de Toro y la suerte de su gente dependía de los avatares políticos del Cauca. La dejaban tranquila si dominaban los liberales y les cargaban la mano con impuestos si el poder estaba en manos de los conservadores.

Fue notoria la rivalidad entre Quinchía y su vecino Riosucio. El primero apoyaba a los radicales y el segundo era aliado natural de los clericales de Antioqua y el Cauca. En la guerra de 1840 numerosos quinchieños se unieron a la fuerza de Eusebio Borrero para atacar a Riosucio y en 1863 las guerrillas mosqueristas, bajo el mando del capitán Vinasco, acosaron a los rebeldes del Ingrumá que se habían levantado contra Mosquera.

El 28 de marzo de 1876 los caucanos derrotaron a los antioqueños en la base del cerro Batero y Zoilo Bermúdez con voluntarios de Quinchía reforzaron las tropas liberales que invadieron al Estado de Antioquia.. En noviembre de 1879 otro conflicto envolvió los campos quinchieños, cuando la tropa radical de Rudecindo Ospina sometió en el Alto del Higo a los rebeldes independientes que se habían levantado contra el gobierno.

Tiempos aciagos

Con la “Regeneración” de Núñez llegaron tiempos aciagos para Quinchía. Hacia 1890, los jefes conservadores de Riosucio fundaron un pueblo en la tierra fría con gente de Carmen de Viboral y de Marinilla para controlar los resguardos de Quinchía, Arrayanal y Guática. Para tal fin el gobierno conservador puso como cabecera municipal a la nueva fundación de Pueblo Nuevo, hoy Sanclemente, y dejó a Quinchía y a Guática como corregimientos. El concejo de Pueblo Nuevo, que entonces se llamó Nazareth, estaba compuesto totalmente por antioqueños recién llegados, que vieron la oportunidad de enriquecerse y arrebataron las fuentes saladas y la hulla pertenecientes a a los indígenas y a Melquisdec Gómez.

Ante tal situación Melquisedec tomó las banderas de las parcialidades y luego de una década de violento y abierto desafío contra Nazareth se consiguió la independencia de Quinchía, ´que nuevamente alzanzó la dignidad de cabecera municipal y se obtuvo la restitución de las minas y salados a sus antiguos propietarios.

Un sino doloroso
La historia conocida empieza con la llegada del conquistador Belálcazar a la región y su paso hacia el sur por las orillas del rio Cauca, luego viene el español Jorge Robledo que en 1540 entra triunfante al caserío del cacique Chiricha y somete el territorio de Guacuma. Con las tribus de tapascos, irras y guaqueramaes se conforma una encomienda, que por los ranchos de guadua llamados quinchos por los indígenas, toma el nombre de Quinchía.Los nativos sometidos se convierten en aliados de Robledo, el cacique irra Cananao ayuda a los españoles a cruzar el Cauca y les suministsra hombres y bastimentos para que emprenda la campaña contra las tribus de los pozos, los carrapas y los armados.

La viruela y la gripe diezman la población indígena y completa el despoblamiento el desplazamiento de los quinchieños jóvenes que a la fuerza se llevan a las minas de Quiebralomo. En la época de la Colonia, curas doctrineros roban cosechas, ponen a trabajar a los indios en sus sembrados y les violan sus mujeres. Para evitar los abusos muchos huyen con sus familias a las selvas del Chocó y el poblado de Quinchía, ya desaparecida la misión franciscana, es un caserío miserable a la vera del camino que comunica la provincia de Antioquia con la provincia del Cauca.

La guerra de los Mil Días fue singularmente cruel en el territorio. Los nativos apoyaron la revolución y organizaron bandas de macheteros. Para eliminar las guerrillas, tropas de Manizales y de Cartago irrumpieron en la aldea, fusilaron a inocentes como escarmiento y devastaron los campos obligando a los combatientes liberales a desplazarse a las selvas del Chocó.

Cuando el presidente Reyes conformó el departamento de Caldas con provincias de Antioquia y el Cauca. Quinchía hizo parte del nuevo departamento. Durante la primera mitad del siglo XX , el municipio vivió en paz y tuvo paz durante la República Liberal. Si el Cauca no le sirvió para nada a Quinchía le fue pero con Caldas, cuyos dirigentes manizaleños discriminaron los distritos indígenas del occidente departamental.

En 1946, durante el gobierno de Ospina Pérez se desataron las furias. Los alzatistas quisieron conservatizar a la comunidad, y los latifundistas vieron el momento preciso para conseguir las fértiles tierras a orillas del río Cauca. En 1948 arreció la persecución política en tanto que el Congreso aprobaba una ley, presentada por Otto Morales Benitez, que autorizaba la disolución del resguardo indígena.
El 28 de marzo de 1948, un mes antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la policía con antisociales de Riosucio, San Clemente, Guática y Anserma atacaron a Quinchia. A la madrugada su comunidad pacífica enterró cinco ciudadanos, que fueron las primeras víctimas de esa violencia irracional azuzada por Gilberto Alzate Avendaño y Silvio Villegas.
En 1949 el occidente del Viejo Caladas había sido conservatisado por los "pajaros", los "chulavitas" y demás bandidos, habían quemado el poblado de Arauca y solo les quedaban los fortines liberales de Marmato y Quinchía. A fines de octubre los antisociales irrumpieron con todo en el pueblo y los vecinos inermes empezaron a abandonarlo para salvar sus vidas.A los ataques de los pájaros y de los chulavitas siguieron los contraataques de las bandas comandadas por el capitán Venganza y otros bandidos. La violencia se respondió con violencia y Quinchía se anegó en sangre.

La paz

A partir de 1960 el gobierno nacional y la Iglesia Católica se unieron para buscar la paz en el municipio. Llegaron misioneros de España, se incrementó el deporte, se pavimentaron calles, se abrieron fuentes de trabajo y se fundaron escuelas y colegios. El colegio de San Andrés y el de Nuestra Señora de los Dolores se convirtieron en los semilleros de las nuevas generaciones, que por vez primera tenían oportunidad de labrarse un futuro fuera del agro.

Al separarse Pereira de Caldas para formar el departamento del Risaralda, a los quinchieños, sin preguntarles, los incluyeron en la nueva sección colombiana. Pero salieron ganando, pues por primera vez a las generaciones quinchieñas se les tuvo en cuenta en la administración departamental. Los muchachos formados en el pueblo empezaron a brillar en Risaralda, los jóvens de la Corporación Quinchía Nueva (CQN) impulsaron el civismo y una fugaz pero meritoria Sociedad de Mejoras Públicas abrió nuevos horizontes a la comunidad.

Al desaparecer la violencia política de mitad de siglo veinte surgieron cuadrillas de la Farc, del Eln y Epl que volvieron a ensangrentar a Quinchía.. Cantos de sirena, promesas e intimidaciones hicieron posible el surgimiento de bandas terroristas que asolaron sus campos y los poblados.
Algunos bandidos quisieron emular al Capitán Venganza y en el choque contra la autoridad los campesinos quedaron entre dos fuegos. Muchos inocentes fueron vejados y privados de la libertad, acusados sin pruebas de ser auxiliares de los grupos insurgentes.

El progreso que empezó a notarse bajo la administración de Hermes Vinasco se detuvo. Al igual que a mitad del siglo veinte muchas familias tuvieron que abandonar su pueblo para buscar la seguridad en Pereira y Medellín.

Tiempos mejores

Quinchía es un municipio especial cuya gente resistió el embate de los conquistadores españoles, los conflictos caucanos, la invasión antioqueña y la violencia partidista. Es un municipio minero con vetas de oro y posibilidades aún no cuantificadas en otras explotaciones minerales. La extensión de Quinchía es de 153 kilómetros cuadrados que albergan unas 32.000 personas en su mayoría de ancestro indígena. El eterno problema es la falta de líderes con trascendenncia más allá de la parroquia que señalen un camino y empujen a la comunidad.
Al fragmentarse los partidos s y convertirse en agencias electorales, los quinchieños perdieron la mística liberal y hoy como en otras épocas el municipio es solo un coto de caza electoral, que elige a pereiranos pero no es capaz de unirse para elegir un diputado. un representante a la Cámara o a aspirar a elegir un gobernador que los represente.



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